Concurso Letras de Ultratumba II: Tercer Premio
Concurso Letras de Ultratumba II: Bronce
La segunda señal WOW
No sé por qué escribo esto. Tal vez porque
necesito dejar constancia de lo que pasó antes de que me obliguen a callar. O
porque temo que, si no lo hago, mi propia mente intentará convencerse de que
fue una alucinación. Pero no lo fue.
Todo comenzó el martes pasado, en el
Observatorio ALMA. La noche estaba despejada, el tipo de noche que cualquier
astrónomo agradece. Y luego, la señal llegó.
—Daniel, ¿puedes venir un momento? —dijo
Laura desde la sala de monitoreo.
Su tono era extraño. No el de alguien
emocionado por un nuevo hallazgo, sino el de alguien que no sabe si lo que está
viendo es real. Me acerqué a su pantalla.
— ¿Interferencia? —pregunté, observando la
onda de radio en la gráfica.
Laura negó con la cabeza.
—La captamos hace diez minutos. No es
ruido. Es estructurada.
Un escalofrío me recorrió la espalda. La señal venía de la constelación de Sagitario, exactamente de la misma zona donde, en 1977, captaron la famosa Señal Wow!. Pero esta vez, no era un simple pulso. Era más compleja, más larga.
Laura y yo la aislamos, la analizamos, la
convertimos en un espectrograma. El resultado nos dejó helados.
No era solo una señal. Era un mensaje.
Los días siguientes fueron un infierno.
Científicos de la NASA, del SETI, del Instituto de Búsqueda Extraterrestre,
todos querían acceso a los datos. La señal contenía patrones, un código que, al
ser convertido a binario, reveló una imagen.
Era un mapa estelar.
Mostraba un sistema a 122 años luz de la
Tierra. Pero eso no era lo aterrador. Lo aterrador era el mensaje que lo
acompañaba.
La voz.
Alguien había modulado la señal en audio.
Cuando la ralentizamos y filtramos el ruido, se escuchaba con claridad. No era
humano.
Un sonido profundo, casi un lamento,
repitiendo una palabra una y otra vez.
"RESPONDAN."
La voz no pedía. Suplicaba.
El viernes logramos decodificar más datos. Había imágenes. Borradas, comprimidas, pero reconocibles. La primera mostraba lo que parecían estructuras alienígenas en llamas. La segunda, naves en ruinas, escombros flotando en el vacío. La tercera... la tercera no quiero recordarla. Seres esqueléticos, de extremidades largas, cuerpos inertes esparcidos entre edificios derrumbados. Un genocidio.
Y entonces apareció la última imagen. Una figura solitaria, de pie en la oscuridad. Observándonos. No tenía boca, pero sus ojos brillaban con una luz pálida. Bajo la imagen, en el mismo código binario que contenía el mapa, un mensaje.
"Soy el último. Escaparon. Vendrán por ustedes."
Apagué el monitor y me quedé en silencio.
Laura temblaba.
—Daniel... ¿Qué hacemos?
No supe qué responder.
Porque en lo más profundo de mi ser, ya
conocía la respuesta.
Tadeo Martínez Vílchez
Excelente relato,
ResponderEliminar⸻
Una historia que transforma la fascinación científica en puro terror cósmico. La Segunda Señal Wow no solo reabre el misterio del universo, sino también el miedo ancestral de no estar solos… y de que quienes nos buscan ya sepan dónde estamos.
Me encantó ese relato, tiene todas las características de misterio y terror que engancha al lector. Felicidades y continúa desarrollando esa maravillosa creatividad
ResponderEliminarSencillamente aterrador
ResponderEliminarExcelente. Felicitaciones al autor.
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