Reflexión: "La huella inolvidable de un verdadero maestro", de Elsa Sabando

 ¡Buenas tardes, escritores!

Hoy nuevamente les dejamos con uno de los textos de nuestra compañera Elsa Sabando.

En este texto, Elsa reflexiona acerca del papel del maestro y qué es lo que distingue a un buen educador.


La huella inolvidable de un verdadero maestro

    Todos llevamos en nuestra mente el nombre de al menos un gran maestro o maestra. Pienso en aquellos que nos impulsaron, que mostraron una genuina preocupación o que, incluso con un carácter firme, demostraron un inmenso amor. En mi caso, son mis maestros de literatura quienes más se han quedado grabados. Recuerdo vívidamente a mi profesor de décimo año, quien me abrió el horizonte hacia la literatura latinoamericana y me sembró el gusto por los escritores del Boom Literario Latinoamericano. También a aquel de bachillerato que, con estrategias ingeniosas, nos motivaba a leer al menos los resúmenes, introduciéndome a obras ecuatorianas y al fascinante mundo de la poesía.

    No puedo negar que he tenido otros buenos educadores, pero ellos, por alguna razón, lograron trascender. Esto me lleva a una reflexión más profunda: el verdadero maestro no se define por un título universitario. El auténtico maestro es aquel que vive su vocación. Es quien se levanta temprano y se acuesta tarde planeando sus clases. Es la persona que, al cruzar la puerta del aula, deja atrás sus propios problemas, consciente de que tiene frente a sí 30 universos diferentes, cada uno con sus propias situaciones y desafíos. Es crucial ser empáticos con esos estudiantes, incluso cuando ellos no pueden comprender nuestra propia situación.

    Una convicción que tengo es que el maestro siempre educa con el ejemplo. ¿Cómo puedo exigirle a un estudiante que se comporte si yo mismo no lo hago fuera del aula? ¿Cómo le pido que mejore su ortografía si no me dedico a leer? ¿Cómo le exijo que entregue todo a tiempo, si a veces también se le olvida entregar sus planes a tiempo?

    La coherencia es fundamental. Observo, con cierta crítica, que hoy la preocupación principal de muchos educadores parece ser seguir al pie de la letra un currículo, a veces olvidando la esencia de la enseñanza.

    En el caso de la lengua y literatura, por ejemplo, nos centramos tanto en temas específicos —como hacer un eslogan o un cartel— que descuidamos los cuatro pilares fundamentales: escuchar, hablar, leer y escribir.




    Si no les enseñamos a leer de verdad, ¿de qué sirve el resto? Solo estaremos siguiendo un patrón, mientras que el maestro con vocación motiva, no aísla, no desecha.

    He escuchado expresiones hirientes en boca de maestros que me hacen reflexionar sobre el poder de nuestras palabras. ¿Cómo es posible que un docente use metáforas que lindan con la marginación, como decir que un estudiante es un "ancla" para sus compañeros? ¿O que califique un trabajo como "una porquería"?

    Necesitamos aprender a valorar el esfuerzo, aunque el resultado sea pobre. La crítica debe ser constructiva:


- Sabes qué, no está bien hecho, pero puedes arreglarlo, o

- Intenta hacerlo mejor la próxima vez.


    Nuestro rol es saber llegar al estudiante, utilizando un lenguaje que comprendan y que jamás los disminuya.

    Otro punto vital es que debemos enseñar al estudiante a pensar para tomar buenas decisiones, no a decidir lo que nosotros consideramos correcto. No puedo simplemente decirles "tú decides". Debo dotarlos de herramientas, como un análisis FODA mental o la capacidad de escuchar a su mente y a su corazón al mismo tiempo. Nuestro papel es analizar, no imponer una decisión.

    Llevo 18 años en la docencia y a lo largo de este tiempo, he visto de todo. Sin embargo, tengo cierto recelo con aquellos que buscan la validación constante en redes sociales, subiendo fotos y mensajes sobre cuánto los quieren sus estudiantes.

     Pienso que quien trabaja con vocación y de corazón, lo hace en silencio. Es un hecho que la docencia, tanto en el ámbito particular (donde se puede experimentar mucha explotación) como en el público, está muy mal pagada.

    Es paradójico: somos la profesión que engendra a todas las demás y, aun así, no es la mejor remunerada. Esto nos obliga a preguntarnos constantemente en qué dirección vamos y qué deseamos realmente conseguir.

    El golpe más fuerte viene cuando creen que nosotros no sentimos, hay que recordar algo que muchos —incluidos padres de familia— olvidan: 


El docente también es humano. 


    A veces somos señalados, recriminados o blasfemados, y se olvida que también tenemos límites, problemas y sentimientos. 

    La figura del maestro es compleja y vital. Nuestra labor va más allá de un aula considero que es una entrega constante, un ejemplo a seguir y una luz que debe enseñar a pensar y a valorar.

    Me pregunto entonces, ¿qué valor le estamos dando a la formación de la persona y qué estrategias debemos priorizar para que nuestra enseñanza se enfoque más en el ser humano que en el simple cumplimiento de un temario?


Por Elsa Sabando

Comentarios

  1. Excelente mi estimada amiga

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  2. Tu reflexión toca el alma y despierta conciencia. Has puesto en palabras lo que muchos docentes sentimos pero pocos nos atrevemos a expresar con tanta honestidad y humanidad. Me recuerdas que enseñar no es solo transmitir conocimiento, sino formar seres humanos, pensar con el corazón y escuchar con la mente.
    Gracias por dignificar la labor docente, por recordarnos que detrás de cada maestro hay una historia, una entrega silenciosa y un amor inmenso por transformar vidas. Tus palabras son una luz que inspira, un eco que invita a reflexionar y un abrazo para todos los que creemos que educar es un acto de amor.
    Con admiración y gratitud,
    Jacinta Barzola

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  3. Excelente reflexión!!! 👏🏻

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  4. Excelente mensaje mi querida Elsa 👌

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  5. Excelente mensaje 👏👏👏La profundidad con la que se abordaron los desafíos del magisterio fue verdaderamente admirable. Es evidente el esfuerzo y la dedicación invertida en plasmar esta importante labor. El análisis presentado sin duda resonará en la comunidad educativa.

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  6. Maravilloso mensaje, donde tocas la vocación que elegimos, el alma de ser docentes, el amor por querer que no solo sean teorías y experiencias, que forman profesionales, sino que también queremos formar seres humanos, con todo lo que ésto implica. Muchas bendiciones estimada Elsa

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  7. Whao!! Mejor de ahí no pudiste haberlo dicho, buena reflexión y deja un bonito aprendizaje: Que como profesor es dehar huellas positivas en el estudiante, esforzarse para que de lo mejor.

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