Reflexión: "Morir de hambre en la Sociedad de la Saciedad", de Mario Montiel

 ¡Buenas tardes, escritores!

Hoy les compartimos esta reflexión del joven Mario Montiel, que pone sobre la mesa un aspecto tan relevante y presente como la violencia estética, la gordofobia y los trastornos alimenticios, aspectos que afectan especialmente a las personas en edad formativa.


Morir de hambre en la Sociedad de la Saciedad

    Morirse de hambre en una sociedad que nunca se llena.


    ¿De qué sirve un cuerpo que al mundo satisface, 

si por dentro poco a poco la vida se deshace?


    Hoy en día, entendemos que hablar de trastornos alimenticios no es algo fácil, tanto para quienes los padecen como para quienes intentan ayudar. Estas, pues son enfermedades que se esconden en un cuerpo, en una foto en el espejo o en un comentario cualquiera.

    En la adolescencia comienza la presión social por parte de quienes conviven con los jóvenes, como familiares o amigos, que sin darse cuenta pueden soltar comentarios que podrían sonar inofensivos, como: "¡Ay!, Cómo que has engordado un poquito, ¿no?" o "Estás comiendo mucho últimamente". 



    Aunque estas frases provengan de alguien de confianza, para muchos, esas palabras se quedan en su mente y parecieran nunca irse. Se convierten en una especie de martirio constante por no tener un cuerpo delgado. El simple hecho de no ser delgado te convierte en centro de malos comentarios y risas a tus espaldas, las cuales a veces escuchas y no paran de sonar en tu cabeza.

    Estos trastornos se meten en tu mente como un parásito y empiezan a dictar reglas absurdas, como: “No comas”, “Vomita”, “Aguanta”, “Todavía no eres suficiente”. Son reglas plantadas en la mente de muchos jóvenes por no tener un cuerpo que la sociedad acepte, y esto hace que ese tipo de frases se conviertan en verdades absurdas.

    Son verdades que provocan que muchos jóvenes odien su cuerpo y tengan que arrodillarse ante un inodoro a vomitar o tengan que dejar de comer solo para encajar, por sentir esa presión que es provocada por los demás. Abren su teléfono y ven fotos de personas con cuerpos perfectos y se dan cuenta de que no cumplen esos absurdos estereotipos que se imponen hoy en día tanto en hombres como en mujeres. Esto provoca que, al sentir que no llegan a esa "perfección", se lleguen a distanciar por el hecho de sentir que no encajan con ese estándar alto que otros parecen tener. Esto es duro para muchos, pues se dan cuenta de que no son lo que los demás quieren, se dan cuenta de que no son delgados.

    Por esto, hoy en día los jóvenes, tanto chicos como chicas, están tan presionados y sobrecargados con el concepto del cuerpo perfecto que llegan a creer que, si no cumplen con lo que piden los demás, nunca serán aceptados. Recurren a métodos tan estúpidos como la dieta de las princesas, ayunos que parecen nunca acabar, dietas solo líquidas, dietas de solo 500 kcal diarias, uso excesivo de laxantes y hasta pastillas sin fijarse en su funcionamiento. Esto lo encuentran fácilmente en redes sociales y páginas de internet a libre disposición, lo cual es una problemática muy fuerte.

    Actualmente, tanto jóvenes como adultos viven con estos problemas con la comida, siguiendo “consejos” para poder bajar rápido de peso, porque si no eres delgado, no eres aceptado. Cosas como esas hacen creer a muchos que tienen que cambiar sus cuerpos sí o sí.


Y al final, no es solo un cuerpo lo que se pierde, 

sino la vida misma que se va acabando en silencio. 


        Porque nadie escucha cuando masticas culpa en vez de comida, nadie ve cuando la balanza se convierte en castigo. Lo horrible de todo es que, en esta sociedad podrida, morir de hambre puede verse más aceptable que vivir en un cuerpo que no encaje.


Por Mario Montiel

Comentarios

  1. Qué bonita forma de expresarse, cuánto sentimiento y qué talento con las palabras.

    Me genera sentimientos encontrados: por un lado, la tristeza de recordar que las violencias estructurales, como la gordofobia, no discriminan por edades y afectan a las personas incluso en la infancia; y por otro, el orgullo de ver que hay personas jóvenes que toman el relevo en la lucha contra estos monstruos sociales, con pensamiento crítico, conciencia y empatía.

    Un abrazo enorme y todo el apoyo para las personas que lleven en su alma las cicatrices de este monstruo, y todo el cariño para el joven autor que tan bien lo ha plasmado en este escrito.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Mes de las Infancias. Reflexión: "El ciclismo: una solución ecológica y saludable", de Bruce Chichande Guerrero

Reflexión "¿Ya es Navidad", de Elsa Sabando

Reflexión: "Elegirme", de Elsa Sabando León