Relato: "Querido nosotros", por Alfredo Gil Pérez

 Relatos creativos: "Querido nosotros"

¡Buenas tardes, escritores!

Continuamos trayéndolos los relatos y escritos de nuestro alumnado durante este magnífico taller de escritura creativa de este febrero de 2026.

En esta ocasión, nos trasladamos a la consigna "La voz que no usamos", en la que se le pidió a los participantes lo contrario que en la tarea anterior: trasladar esa voz interna que no se expresó en el pasado. Los escritores tuvieron que expresar algo que en su momento no se dijo, verbalizar esos sentimientos que nunca lograron salir.

Les presentamos la propuesta del autor canario Alfredo Gil Pérez, cuyo relato "Querido nosotros" nos hace reflexionar acerca de nuestra propia trayectoria de vida y nuestra relación con todas las versiones de nosotros mismos que dejamos por el camino.

¡Disfruten de la lectura!


Querido nosotros

               Querido nosotros:

 

              Espero que estemos bien. Yo ya estoy mejor después de la última tormenta que nos ha dado la vida. Sé que eres mayor que yo. Y que, en cierta medida, verás las cosas con más perspectiva y tranquilidad de la que yo pueda hacerlo en el presente.

Es gracioso, justo ayer recibí una carta nuestra con letra de niño pequeño, olor a la colonia de lavanda que mamá solía poner en la casa después de limpiar y el sonido de las campanitas de metal imprimado en el papel amarillento como una partitura en braile de sentimientos.

              No supe cómo abordarla, qué respondernos y cuanto contar para que pudiera levantar el ánimo sin quitarle la emoción a todo lo que viviríamos después, tanto lo bueno como lo que nos haría crecer. Y entonces pensé en ti. No espero que me respondas con afirmaciones. Y ya sabes que nunca me ha gustado pensar que acabaré necesariamente donde tu estás. Siempre he creído que hay una multitud de nosotros en el futuro viviendo vidas paralelas que se rozan en los bordes y nos enseñan el valor de lo que puede ser. Pero sé que, si me refiero al nosotros que está escribiendo en este instante, con el olor a café de la mañana y la sonrisa ilusionada, necesariamente el nosotros que nos escribió es nuestro único nosotros del pasado. ¿Tú qué opinas?

              Igual él si quiere tener respuestas, pero dárselas le va a condicionar en llegar hasta aquí. Y cómo decirle que vale la pena, sin arrebatarle las dudas, los miedos y ese dolor en el pecho desgarrador que ha hecho que cada rayo de sol tras una noche despiadada tuviera un sabor tan único y le devolviera el sentido a lo andado.


              Lo único que se me ocurre es aconsejarle que disfrute nuestro camino. Y que aprenda a entender e integrar cada experiencia. Que cada situación es el reflejo de nuestros patrones por resolver. Que cada plenitud y la sensación de reencontrarse bien merecen la pena. Y que cuando nos sentimos perdidos hay que aprender a dejar de desesperar y aceptar y atravesar los sentimientos para cambiar y ser una mejor versión de nosotros mismos.

              Nosotros, ¿te parece sensato contarle que incluso en las noches sin luna el cielo puede ser hermoso si uno abandona el miedo a lo desconocido y aprende a disfrutar mirando las estrellas? ¿Deberíamos dejar que la enseñanza le llegue con la experiencia? ¿Cambiaría algo abrigarlo en las noches frías con la soledad de nuestra alma?

              Sabemos que puede perderse el camino si sólo ve metas. Estarás de acuerdo conmigo en que, si tiene las respuestas, olvidará cómo hacerse las preguntas. Y no quiero privarlo de las herramientas para que avance.

              Sólo se me ha ocurrido que podríamos devolverle un papel en blanco con el olor del petricor, el sándalo y la miel. Podríamos dejar el papel al sol para que se caliente antes de enviarlo e imprimarlo con una sensación de plenitud. Pero de esa plenitud que se fragua de aceptar la noche y de entender el valor que nos aporta lo vivido. Sin palabras, sin decir demasiado, sólo insinuando que mantenga la esperanza y disfrute del proceso.

              ¿Podrías responder a esta carta? Sé mi gato negro. ¿Tiene sentido que quiera guiarle? Sé que es irónico que nos pida consejo para aconsejar. Pero entrever el destello de tu sonrisa de complicidad sobre un papel en blanco como respuesta me bastará para saber que vamos bien. Siempre lo ha hecho. Y no dejaremos de respondernos, aunque casi nunca sea más allá de una intuición, una esperanza, algo que nos susurre que vale la pena y que nos haga mirar hacia nosotros en el pasado y devolvernos la sonrisa.

 

              Siempre nuestro, 

Alfredo.


P.D.: Gracias por tu última carta. El sonido de risas y el recuerdo del olor del mar fue todo un acierto. Nos mandaré fotos pronto.


Por Alfredo Gil Pérez


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