Microrrelato: "La gloriosa venganza de un adicto", de Miledys Pando
Microrrelato: "La gloriosa venganza de un adicto"
¡Buenas tardes, escritores!
Concluimos la semana con un último microrrelato, surgido de la dinámica realizada a través de nuestro grupo de WhatsApp en el que los escritores participantes compartieron pequeñas píldoras literarias según una consigna creativa.
Hoy, tenemos la aportación de la autora cubana Miledys Pando.
¡Disfruten de la lectura!
La autora
Miledys Pando nació el 18 de Julio de 1971 en Güines, Provincia Habana. La autora publicó
su primera novela en el 2022, posteriormente en el 2023 y 2024 publicó su segunda y tercera novela. Actualmente, en el 2026, presenta su nueva novela.
La gloriosa venganza de un adicto
En el barrio todos me conocen como «Ramiro, el adicto». El que habla solo. El que duerme en los bancos del parque. El que pierde las llaves… incluso cuando no tiene casa.
Hace años, tenía un negocio, una esposa y hasta un reloj que marcaba la hora correcta.
Ahora solo me queda mi amor más fiel: una botella de ron que nunca me abandona… salvo cuando la termino.
Mi mujer y mi rival se quedaron con todo: el negocio, la casa y hasta el perro, que por cierto siempre me prefirió a mí. Yo me quedé con las calles, con mi paso tambaleante y con la risa del barrio.
—¡Ahí va el borrachín! —gritan.
Yo respondo saludando con una gorra imaginaria, porque uno puede perder muchas cosas en la vida… pero la educación jamás.
Durante años perfeccioné mi papel. Me tambaleaba por las aceras. Hablaba con las palomas.
Una vez incluso discutí con un bote de basura… y perdí el argumento.
La gente habla mucho cuando cree que nadie escucha. Y nadie escucha a un borracho.
Así que escuché secretos. Negocios sucios. Amantes escondidos y lugares de dinero enterrado. Y cada descubrimiento lo celebraba con un trago. Por puro compañerismo.
Anoche entré al bar donde todos celebraban su éxito… con mi antiguo dinero.
Cuando me vieron, comenzaron a reír.
—¡Miren quién vino! ¡El adicto!
Uno incluso me ofreció una moneda. La rechacé. No soy un hombre ambicioso.
Levanté un dedo.
—Solo vine a agradecerles.
Se miraron confundidos.
—Gracias a ustedes aprendí algo muy importante —dije.
—¿Qué cosa?
Sonreí y levanté mi vaso.
—Que nadie presta atención a un adicto… —hice una pausa —…hasta que llega la policía.
En ese momento, la puerta del bar se abrió de golpe. Los oficiales entraron.
Algunos hombres dejaron caer sus copas. Otros intentaron esconder las cartas y el dinero apostado.
Yo levanté mi vaso y brindé con calma:
—Salud, caballeros.
La primera ronda corre por su cuenta. Después de todo, yo sigo sin dinero. Pero debo admitir algo.
La venganza…
...sabe mucho mejor que el ron.
Por Miledys Pando
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