Relato: "Desaparición forzada", de Nelssy Hernández

 Relatos creativos: "Desaparición forzada"

¡Buenas tardes, escritores! Comenzamos esta semana con uno de los últimos relatos aportados por nuestro alumnado durante el taller de escritura compartida que tuvimos el pasado mes de febrero.

En este caso, se trata de la aportación de la escritora colombiana Nelssy Hernández, para la consigna Reescribamos nuestra historia, en la que se requirió al alumnado que cambiara el arquetipo de un personaje ya introducido, rompiendo con las cadenas de lo impuesto.

Nelssy reflexiona acerca de los sentimientos de una madre cuya vida se ve truncada tras la desaparición de su hijo.

¡Disfruten de la lectura!


Desaparición forzada

    La desaparición forzada o involuntaria de personas es una de las más atroces violaciones a los derechos humanos. Vulnera los derechos de los familiares y otras personas, constituye un delito cercano, incluso cuando la desaparición viene cometida en el marco de crímenes a la humanidad. La ausencia de información sobre las víctimas contribuye al clima del temor e incertidumbre que se expande en el tejido social.


Impactos psicosociales en familiares víctimas

 

     La salud mental y física de las madres y familiares que buscan a una persona desaparecida se va mermando con el desgaste de las búsquedas y los nulos resultados de las autoridades, mientras que las instituciones públicas desatienden los derechos. La desaparición forzada es capaz de producir terror, causar sufrimiento prolongado, alterar la vida de las familias por generaciones y paralizar comunidades y sociedades enteras.

    Oliva vivía con las secuelas de buscar a su hijo desaparecido durante 15 años. No sabe dónde se encuentra su hijo. Recorría las calles con la última fotografía. 

«¿Han visto a mi hijo?»

    Decidió viajar por los pueblos, veredas, hasta ciudades, y en el camino encontraba otras madres también buscando a sus hijos. Se unía a esas madres y lloraban abrazadas, sintiendo el mismo dolor. Afrontaba una crisis en su salud. Era como una neblina insistente que no se disipa, como el zumbido en su oído que no se aleja, el desorden del sueño, alimenticio, emocional, económico, la salud física. 




    Su cuerpo interiorizaba todo el dolor y la angustia: el hambre y el sueño se fueron juntos, los ataques de ansiedad, ataques de pánico que la llevaban a perder el equilibrio y a quedar inmóvil. La recuperación consistía en estar boca arriba sin moverse. No podía llorar, no podía ir al baño. Los días transcurrían muy lentos.



Carta a mi hijo:

     

    Aquí estoy. Nuestro lazo no ha terminado. Tu vida sigue viviendo dentro de mí.

    No sé cómo encontrar sentido a mi existencia sin ti. La vida no vale nada.

    Te he buscado en la soledad de la montaña, en la obscuridad de mis sueños, debajo de los puentes... en cuánto hueco de indigentes, en hospitales, anfiteatros... He recorrido veredas, pueblos, ciudades...

    Creé un mundo que en este momento no es real. No estás aquí. No sé si respiras.

    Miro el reloj, otro día más sin ti. Recuerdo la mañana, recostados en el árbol de cerezo, con el sol radiante en tu cara, imaginando y soñando ese recorrido por el mundo, los dos cogidos de la mano.

    Me decías: «Madre, somos felices. No tienes que sufrir por nada: aquí estoy para cuidarte y protegerte en todo momento. Siempre pienso en ti.»

    »Si yo soy un tesoro para ti, tu eres mi riqueza, madre. Solo con sentir tus brazos en mi cuello soy el hombre más feliz del mundo.

    »Pasan los días, las noches son largas. No concibo la vida sin ti.

    »Me faltan tus abrazos y tu sonrisa al despertar.» 

Oliva


Por Nelssy Hernández Montoya

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