Relato: "Reescribir nuestra historia", de María Isabel Muñóz Suaza
Relatos creativos: "Reescribir nuestra historia"
¡Buenas tardes, escritores!
Ya esta aquí el viernes y cerramos este bloque de relatos y escritos creativos, fruto del taller de escritura compartida que celebramos este febrero de 2026.
Cerramos con el relato de la escritora colombiana María Isabel Muñóz Suaza para la consigna "Reescribamos nuestra historia"; en la que se le requirió que reflejara un cambio de arquetipo en un personaje.
María Isabel nos trae un relato con sentimiento, cargado de simbología.
¡Disfruten de la lectura!
REESCRIBIR NUESTRA HISTORIA
Año 1975
Miércoles, 12 de Febrero.
18:45. Marligia se paseaba intranquila por los corredores enchambranados de la finca, con el deseo de probar un bocado de pescado que días atrás estaba esperando con ansias de cumplir un antojo debido a su embarazo. Se encontraba en la semana 36. Pronto tendría la criatura entre sus brazos, pero el sabor de pescado frito la hacía alucinar.
18:55. No aguanto más y su esposo George llamó a la
partera. Esta llegó inmediatamente, pues
ya tenía sospechas de que de ese día no pasaría.
Todo el proceso de nacimiento transcurrió con normalidad. Cuando su hermano Antony llegó, escuchó el llanto de su nueva sobrina y, muy emocionado, corrió hasta su cuna.
Marligia, un tanto disgustada con su hermano Antony, le
reclamo el porqué se había
retrasado tanto, si ella y su madre estaban enfermas, para alistar todo para la
madrugada empezar a trabajar con el trapiche de caña.
—No hay problema —replicó su hermano.— Todo está ya solucionado. Ya he contratado varias mujeres que nos colaboren con los quehaceres en la casa y que las cuiden a ustedes y también contraté a varios hombres, como de costumbre, para que nos ayuden en el trapiche y así sacar la producción de panela sin contratiempos.
A la mañana siguiente, se enteraron todos los aldeanos de la nueva integrante de la familia y fueron a conocerla y por hay derecho a llevar su olla con miel y panela fresca.
Al despuntar la madrugada, el olor intenso de miel entró hasta los aposentos donde se encontraba la niña. Era un olor exquisito que
impregnaba el espacio, despertando sus sentidos y provocando el canto y
revoloteo de los pajaritos. Toda la gente admiraba a la niña, con su carita
rosadita y sus ojitos negritos azabaches con mirada inquieta. Todos
ensimismados caían en el tierno reconocimiento de un ser angelical.
Los días transcurrieron y la niña creció en medio de cultivos de café y caña, rodeada de gran variedad de flores y, en las noches, del olor inconfundible de jazmín.
Ya pasada su niñez llegó el día de su primer día de escuela: llevar los cuadernos, las crayolas y los lápices, para empezar a deletrear su
mágico mundo.
Tenía muchas expectativas, porque al fin comenzaba a describir su paisaje, sus
sueños, su forma en que veía el ambiente que la rodeaba y a conjugar palabras y
formar frases que en su tierna mente le susurraba el viento, en una completa
conexión con todo a su alrededor.
Le fascinaba perseguir con su mirada las mariposas de varios colores y diseños encantadores y ver como cambiaban las nuevas pupas en la crisálida del tiempo, creando sus nuevas alas.
Le gustaba lavar sus pies en el río y chapotear con el agua
y mojar a sus hermanos, al tiempo que con sus manos buscaban pececitos debajo
de las piedras.
Todo esto transcurrió tan deprisa que, cuando menos pensó, llegó la pubertad, con miles de incógnitas y preguntas acerca de su cuerpo y del entorno con la sociedad, pues ya no podía jugar con sus amiguitos y la rodeaban adultos.
Su etapa de juventud estuvo marcada por una condición que la
protegía del mundo exterior y la limitó a pasar más tiempo en su casa sin poder compartir tiempo y nuevos
conocimientos.
Todos miraban su cuerpo delicado, descolorido, sin fuerza y tratando por todas los medios posibles de cambiar su destino. Puesto que la vida le tenía preparada algo más interesante que convertirse en madre y traer hijos quizás a la guerra.
Hoy es la más fuerte de todas. Maneja sus emociones y forma un paraíso a su alrededor. Crea fantasías como una niña, pero con los pies en la tierra, porque esa fue la historia que le tocó afrontar.
Sus vivencias y recuerdos siempre están presentes porque esa
es su fuerza tras buscar y hacer realidad su ideal.
Hoy en día
Visualiza su futuro con mejores horizontes y se atreve a soñar despierta. En esa
imaginación, crea espacios de
conversión. Hasta cree en su propia
capacidad para afrontar los designios que pone delante la vida y, por qué no, se atreve a soñar con el premio Nobel de
Literatura, gracias a su dedicación y amor profundo por las letras y el acervo
cultural que la rodea en todos los aspectos y estados emocionales de su
presente.
Hoy en día, ella es más fuerte, porque entendió que solo ella era la constructora de
su propio destino.
La débil, la insegura y la tonta ya no existen en su
mente.
Por María Isabel Muñóz Suaza
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