Ganadores Concurso de Poesía 23 de Abril - Día del Idioma: 3er Puesto "CICLOS DEL ALMA", de Ella Silvia
¡Buen día Escritores!
Esperamos disfruten del resultado de nuestro concurso:
CICLOS DEL ALMA
Primavera
despierta en la piel,
con su canto de brote y luz,
va pintando de
verde la fe
y al silencio le cambia el capuz.
En sus flores
se esconde el latir
de un anhelo
que vuelve a nacer,
y en su brisa
se aprende a sentir
que aún es
tiempo de volver a creer.
Llega el
verano encendido y voraz,
con su fuego
dorando la voz,
y en sus días se aprende a amar
sin temores,
sin sombra ni adiós.
Todo arde bajo
su claridad,
los deseos se
vuelven verdad,
y el amor – si
se atreve a llegar –
es un sol que no sabe marchar.
Mas el otoño
desciende al final,
con su manto
de cobre y de ayer,
va cubriendo
de hojas el umbral
de lo que ya no quiere volver.
Cada hoja que
cae sin ruido
es un verso
que el alma soltó,
y en su danza se queda escondido
todo aquello que el tiempo llevó.
Y el invierno,
profundo y callado,
va cubriendo
de blanco la voz,
es refugio, es
silencio sagrado,
es la pausa
que guarda el corazón.
En su frío se
aprende a mirar
lo que dentro
aún quiere vivir,
porque incluso
en la noche sin mar
late un sueño dispuesto a surgir.
Somos ciclo,
latido y estación,
somos fuego, raíz y flor,
somos alma en
constante canción
que se pierde…
y regresa feliz.
Y en la rueda
que gira sin fin,
cada paso nos
vuelve a nombrar,
como el eco
que aprende a latir
en la herida
que quiere sanar.
Primavera
regresa otra vez,
con su impulso
de vida y calor,
y en su pulso renace la fe
como brote que vuelve a nacer.
El verano nos
llama a sentir,
a perdernos
sin miedo ni luz,
a encender lo
que quiere vivir
aunque arda y
nos deje sin cruz.
Y el otoño nos
vuelve a enseñar
que soltar también es crecer,
que hay
belleza en saber terminar
lo que un día
nos hizo florecer.
Cuando el
invierno vuelve a abrazar
con su aliento de calma y quietud,
nos invita en
silencio a escuchar
lo profundo
que habita en la luz.
Porque en cada
final hay semilla,
y en la sombra
germina el empezar,
y en la vida – tan frágil, tan gris –
siempre existe
un motivo al amar.
Así el alma
transita su andar,
entre ciclos de luz y de voz,
aprendiendo a
caer y alzar
cada sueño que anida en su dios.
y aunque el
tiempo pretenda borrar
lo que un día quisimos guardar,
siempre vuelve la vida a brotar
como un suspiro
que se niega a acabar.

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