Concurso de Poesía 23 de Abril - Día del Idioma: 7mo Puesto "Las Cuatro Estaciones del Alma", de Mathew Bravo

 🌟 Felicitamos a Mathew Bravo por obtener el Séptimo Lugar en el Concurso de Poemas "Las Cuatro Estaciones" con su significativa obra Las Cuatro Estaciones del Alma.

Con sensibilidad y creatividad, Mathew nos conduce por un recorrido interior donde las estaciones se convierten en metáforas de las emociones, los desafíos y los momentos de crecimiento que forman parte de la experiencia humana. Su poema nos recuerda que el alma, al igual que la naturaleza, atraviesa ciclos que la fortalecen y la transforman.

Gracias por compartir una obra que invita a la introspección y celebra la riqueza de los sentimientos que nos acompañan a lo largo de la vida.

🌦️✨ ¡Felicitaciones por este logro y por aportar tu talento al maravilloso universo de la poesía!

Las Cuatro Estaciones del Alma

Por: Mathew Bravo

I. Primavera

En el umbral de lo invisible, donde la razón apenas alcanza,

surge la primavera como un secreto bien guardado.

Llega con la sutileza de una deducción impecable.


El aire se vuelve un mensaje cifrado,

y cada flor es una pista en el gran enigma del mundo.

Nada es casual en este renacer insistente,

todo responde a una lógica invisible que florece.


Los árboles, antes esqueletos del invierno,

visten de verde como si nunca hubieran sufrido,

y en sus ramas, los pájaros ensayan hipótesis de canto

que el viento se encarga de verificar.


Primavera, eres la evidencia de que incluso lo muerto

puede contradecir su propio final.

Un final descrito con pluma del destino

Que guía a las almas pasajeras que somos.


II. Verano

El sol cae sin reservas,

como una verdad irrefutable sobre la piel del mundo.

Todo es afirmación, todo es presencia.


Las horas se dilatan como interrogatorios sin fin,

y la luz desnuda hasta el último detalle.


He seguido el rastro del calor en los campos abiertos,

he sentido cómo la vida se expande sin cautela,

como si el mundo, por un instante,

olvidara el arte de la prudencia.


Los ríos avanzan con determinación,

los frutos se ofrecen como conclusiones maduras,

y el aire vibra con una energía que no admite objeción.


Verano, eres la prueba contundente

de que la vida, cuando alcanza su clímax,

arde sin pedir permiso.


Pero incluso en tu plenitud,

detecto la primera grieta del tiempo: una hoja que duda,

un atardecer que se alarga más de lo necesario…


y sé, como todo buen observador,

que ninguna certeza es eterna.


III. Otoño

El cambio llega sin anunciarse,

como una conclusión que ya estaba escrita.

El otoño se infiltra,

como una idea persistente en la mente.


Las hojas caen por inevitabilidad.

Cada caída es un argumento silencioso,

una renuncia elegante a la permanencia.


He seguido su descenso con atención meticulosa,

como quien reconstruye un caso antiguo,

y en cada giro, en cada leve temblor,

encuentro la belleza de lo que se despide.


Los colores se vuelven confesiones:

ocres, dorados, rojizos…

como si la naturaleza decidiera hablar antes de callar.


El viento recoge esas palabras sueltas

y las dispersa en un idioma que solo el alma comprende.


Otoño, eres la reflexión que llega después de la emoción,

la pausa necesaria para entender lo vivido,

la evidencia de que perder también es un arte.

Eres la evidencia de que la muerte, es vida.


Y en tu melancolía,

descubro algo que ni la lógica puede refutar:

que todo lo que cae también deja una historia en el aire.


IV. Invierno

Y entonces, el silencio.

Lleno de preguntas sin respuesta.

El invierno se instala como un caso irresuelto,

donde cada detalle parece ocultar algo más.


La tierra se cubre de blanco,

como si quisiera borrar las huellas del pasado,

como si la verdad necesitara un nuevo comienzo.


He caminado entre sus paisajes inmóviles,

escuchando el eco de lo que ya no está,

intentando descifrar este lenguaje del frío.


Los árboles, desnudos otra vez,

parecen testigos de un crimen antiguo,

guardando secretos en cada rama rígida.


El viento corta como una deducción precisa,

y la noche se extiende, larga y reflexiva,

como si el mundo entero meditara dentro de la penumbra.


El invierno es vida,

es resurrección, es el comienzo de una nueva era.

Una era llena de diversión, alma y sentimientos sinceros.


Invierno, incluso en tu quietud absoluta,

hay algo que insiste,

algo que se gesta en lo invisible,

esperando su momento para revelarse.


Epílogo

Y así, como un caso que nunca termina,

las estaciones se suceden sin error ni descanso.


Primavera plantea la pregunta,

verano afirma la respuesta,

otoño analiza sus consecuencias,

e invierno guarda los misterios.


Y yo, humilde observador del tiempo,

solo puedo concluir lo inevitable:

Que la vida no es un enigma que deba resolverse,

sino un ciclo que debe contemplarse.


La vida es una sinfonía donde cada estación

es una emoción distinta del mismo universo;

un universo del cual nosotros, los humanos,

somos testigos en primera fila,

contemplando cada salto inmenso

y cada caída profunda.


Sin embargo, la vida nos revela

que cuando tocamos el fondo,

cuando el suelo nos nombra en silencio,

lo único que nos queda es volver a levantarnos.


Comentarios

  1. Muchas gracias por tu increible participación Mathew continua así con ese mismo Espíritu creativo.

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